Colorín Colorado

Estamos obsesionados con el tamaño. Con los números, con las medidas. La semana pasada conversamos sobre la evolución del concepto de la belleza, especialmente en las mujeres, de como durante los años nos hemos comido el cuento de que para ser atractivas como mujeres debemos tener características específicas, sin darnos cuenta que hemos sido víctimas del consumismo, de la publicidad y de la comercialización, y como les mencioné los hombres también han sido de una forma u otra influenciados por los medios de comunicación, la industria pornográfica y porque no… por Disney también.

Las mujeres no somos las únicas que tenemos creencias limitantes, los hombres no están exentos ni se salvan de parámetros interpuestos por la sociedad para parecer “buenos” o lo “suficientemente buenos” como hombres. “Se casó con un buen hombre” “Fulanita tuvo suerte, se casó muy bien” “Fulanito es un buen partido” ¿Te suena esto familiar?

¿Y cómo te casas mal? ¿Cuáles son los parámetros que se miden para saber si alguien se casó bien o mal? ¿Si es buen partido o no?: ¿El dinero? ¿El amor? ¿El físico? ¿El estilo de vida?

Si bien es cierto las mujeres, lamentablemente la mayoría, piensan o sienten que para que un hombre desee estar con ella la apariencia física es una de las cosas más importantes, parte de esto lo conversamos en el episodio anterior titulado “¿Qué tiene ella que no tenga yo? Y pudimos darnos cuenta de las sorprendentes respuestas de los hombres que evidencian que por mucho tiempo los hemos subestimado, pero no sólo eso, los hombres también tienen muchas creencias limitantes producto de la programación traspasada por décadas.

Y aquí me gustaría hacer una pausa necesaria. Hace unos párrafos arriba mencioné la industria pornográfica y seguramente muchos se escandalizaron, o quizá en episodios anteriores como fue el caso de “¿Qué estamos haciendo mal las mujeres? en el cual conversamos un poco de que las mujeres y los hombres también le hemos confiado nuestra educación sexual a la televisión, en este caso a la pornografía, y ¿Por qué hago una pausa aquí? Porque es necesario eliminar una de las principales creencias limitantes que poseemos y esa creencia es que todo lo relacionado al sexo o sus equivalentes es “malo” “morboso” “vulgar” “cochambroso” ¿Recuerdan que lo mencionó Laudy en este episodio? Hablar o pensar en sexualidad de inmediato conecta en nuestro cerebro con “algo malo” con “morbo” (Para algunas personas). Lo cierto es que, aunque sea considerado “algo malo” y hasta cierto punto “prohibido” “tabú” no es sinónimo de que no sea consumido por los espectadores. Estadísticas demuestran que es una industria altamente rentable que supera a la industria farmacéutica y la del alcohol, lo que la diferencia es que el tabú la hace silenciosa, oculta. Este tabú con el sexo lo que ha ocasionado, hasta cierto punto, es que inclusive los adultos no tengamos acceso a información veraz y asertiva por el misticismo, por la pena, por la vergüenza, y lo confieso, este párrafo lo he re escrito varias veces pensando ¿Qué irán a pensar los patrocinadores? ¿Y si se molestan porque estoy mencionado la palabra sexo? Está tan instaurada esta limitación y esta creencia de que hablar abierta y sanamente de nuestra sexualidad como mujeres es algo negativo que me sigo debatiendo si mantener o no este párrafo, seguimos con Aristóteles resonando en nuestra cabeza y viviendo bajo los parámetros prohibitivos de la edad media. ¿Y a qué quiero llegar con todo esto? A que al igual que nosotras las mujeres, los hombres también tienen muchísimas inseguridades y creen que fingiendo nos hacen felices. Entre ellos el tamaño. ¡No, no! No hablo sólo de ese tamaño, hablo del tamaño de sus logros, del tamaño de su cuenta bancaria, del tamaño de sus aspiraciones, del tamaño de su billetera, del tamaño de muchas cosas para poder entrar en la descripción perfecta de “un buen partido”, pero bueno del tamaño hablaremos más adelante. 

Mientras que 40% de la población femenina asegura nunca haber experimentado un orgasmo e inclusive confiesan haber fingido por lo menos una vez para no hacer sentir mal a sus parejas, los hombres también se ven obligados a fingir: amor, interés y deseos de una relación seria. Porqué la desinformación o la comunicación errada nos ha hecho creer que esto es lo correcto. ¿Ven por qué les decía que Aristóteles sigue en nuestros cerebros? Porque Disney nos hizo comernos cuentos a las mujeres y a los hombres también, ellos por décadas han tenido que actuar como el príncipe azul que llega a rescatar a la Princesa vulnerable y necesitada y aquí te pregunto a ti, si tú eres un ficus lyrata, una mujer que no necesita ser rescatada ¿Cómo crees que van a reaccionar los hombres si fueron programados para actuar como príncipes? Si tú no eres una mujer que demuestra necesitar ser rescatada, el hombre programado como príncipe no tiene ninguna misión o lugar en tu vida. Su programación no lo permite ser el hombre que encaja en tu vida. Y aquí inserto un comentario que me dijera una de ustedes, una doña, me dijo yo creo que los hombres prefieren a las mujeres que se hacen las sufridas, las víctimas, las mujeres muy seguras e independientes no porque esas los intimidan y no se sienten necesitados. 

Mientras que nosotras las mujeres hemos ido siguiendo las doctrinas de belleza, los hombres a su vez también, sumándole que en su equipaje llevan a cuestas DESDE QUE NACEN, que el hombre es el que provee, el hombre es el que cuida, el hombre es el que tiene que mantener la familia, el hombre tiene y tiene. Hasta cierto punto ambos hemos sido víctimas de la cacería. Porque mientras que en la edad media (Aristóteles debe estar revolcándose en la tumba, lo lamento mucho), se creía basados en la visión Aristotélica de la mujer, que la mujer era un ser inferior por no producir esperma y mucho peor sino podía engendrar ya que era considerada un ser inerte, el hombre que no podía proveer o mantener a su familia también era medido con la misma vara. El tamaño siempre ha importado.

En la antigüedad no cualquier hombre podía desposar a una señorita, tenía que cumplir con ciertos parámetros establecidos, en su mayoría por el padre de la misma, para que este fuese merecedor de la mano de su pretendiente. Esta realidad no dista mucho de lo que hoy día estamos viviendo y producto de la influencia de nuestras madres y abuelas (las primeras generaciones en rebelarse contra ciertas doctrinas) existe un gran número de mujeres estudiadas, profesionales, con altos cargos de jerarquía en sus trabajos, con solvencia e independencia económica, guapas, que se preocupan por su belleza integral, pero… SOLTERAS. Mujeres que no son princesas, ni actúan como tal, no están esperando que nadie las rescate pero siguen fijándose en príncipes ¿Les suena esto familiar?

Dentro de las características que mencionó uno de los doños encuestados la semana pasada en nuestra cuenta de Instagram @equipajedeunamujer, mencionó que lo que más le enloquecía de una mujer era que supiera lo que quería y que fuese directa. “Nada más atractivo que una mujer segura de sí misma y que sepa lo que quiere”. Cuando compartí esta respuesta muchas reaccionaron diciendo “Esto es mentira, me pasó hace poco con un tipo que se asustó porque fui directa” “Esto no es así, le dije a mi ex que no quería nada serio y él me pintó que si quería una relación y a las finales terminó desapareciéndose”; y cada uno de estos comentarios me reafirmaba mi teoría.

Por años, por siglos, los hombres han tenido que actuar como el príncipe azul, siguiendo un guion ya preestablecido que lo haga parecer un buen hombre, como el buen partido para obtener un sí o un GO por parte de la mujer. La única manera que los hombres en cierta forma han encontrado para intimar con las mujeres ha sido diciendo que las aman, pintándole pajaritos en el aire, diciéndoles promesas que no pueden ni pretenden cumplir, cuando en realidad su objetivo es meramente sexual, en ese instante, porque ¿quién quita las cosas puedan tomar otro matiz después de entablar una relación intima? Pero no, las mujeres a veces van con el velo puesto a la primera cita pensando que ese ya es el hombre de su vida y ESO LOS HOMBRES LO DETECTAN A KILÓMETROS, ¿El resultado? El hombre simple y sencillamente saca el guion, se apropia del personaje que sabe que lo hará triunfar, traza un plan silencioso, finge amor e interés y una vez logrado el objetivo aborta la misión. Mientras tanto la mujer está protagonizando una película completamente distinta. Para ella la intimidad es el inicio de algo y para el hombre siempre fue el fin. ¿El resultado? La famosa frase trillada “Todos los hombres son iguales, sólo te quieren para llevarte a la cama”.  ¿Recuerdan que en el episodio de “Qué estamos haciendo mal las mujeres” mencionamos que una de las mayores creencias limitantes es que todos los hombres solo buscan sexo y todas las mujeres buscan amor? Ambos estamos programados así, los hombres fingen amor porque creen que es lo que nosotras deseamos y las mujeres fingen orgasmos porque creen que eso los enloquece y los hace felices. ¿Les suena esto familiar? ¿Cuándo nos daremos cuenta que no estamos satisfaciendo a nadie con todo este cuento? Aunado a todo esta película de terror que venimos protagonizando ahora las mujeres solteras y “empoderadas” han creído que deben comenzar a fingir ser princesas, tantos años luchando por liberarnos para ahora entonces fingir y actuar como las afligidas que necesitan ser rescatadas, ¿No será que ha llegado el momento de dejar de buscar Principes azules? ¿Un Principe azul en realidad puede estar con una mujer que no necesita ser rescatada? ¿Será que es momento de redimir el cuento del lobo feroz? ¿Y qué pasa si dentro de nuestra cabeza pensamos que como en los cuentos la bestia se convertirá en Principe azul y no sucede?  Pero bueno de esto hablaremos más adelante. 

No todos los finales son como deseamos, no todos los cuentos terminan en “y fueron felices para siempre”, algunos terminan en “y fueron felices, pero se acabó” sin el “para siempre” sin perpetrar la felicidad, ¿Recuerdan el episodio de felices para siempre? Algunas historias mis queridas doñas son fugaces, pero felices mientras duran y no aprendemos a valorarlo porque estamos enfocados en el para siempre. Algunas otras son intensas y también terminan, el problema es que nos acostumbramos a terminar los cuentos con “Y fueron felices para siempre” como si la felicidad fuese perpetua, como si los otros finales no fuesen validos . 

Pero bueno mis doñas, de los finales felices y de los principes azules hablaremos más adelante, por el momento les cuento que este ha sido un año maravilloso, han pasado 27 episodios de los #lunesdeseriedad en donde hemos aprendido muchísimo, en el que ustedes me han impulsado a exigirme y a salirme de mi zona de confort, por el momento me toca decirles que “Colorín Colorado” la primera temporada de los #Lunesdeseriedad ha terminado. Nos reencontraremos el lunes 6 de Enero del año 2020 con muchísimos temas más de su interés. Gracias por el apoyo inmensurable que me han brindado. Venimos con todo en la segunda temporada. 

Ciao, hasta la próxima. 

Con amor, 
Stef Nieto.  

Escrito por

Fan de los memes. Apasionada por la escritura y la lectura. Romántica oculta. Productora ejecutiva, locutora bilingüe internacional con más de 15 años de experiencia en el mundo del entretenimiento. Procuro aprender algo nuevo a diario. Casi nunca me peino y me río muy alto. De niña me regañaban porque "hablaba mucho en el colegio" y hoy me gano la vida con ello. Tengo una fascinación por las historias cotidianas, por la gente como tú, por la gente como yo. Coach Certificada y escritora publicada. Soy del mundo y al mundo me debo, soy VOZ dónde antes hubo silencio.