Nos comimos el cuento “Las palabras no se las lleva el viento”

PNL neuroplasticidad

A lo largo de nuestras vidas hemos escuchado miles de cuentos; de hadas, de duendes, de princesas indefensas rescatadas por príncipes guapos, de brujas por supuesto y justamente en el episodio pasado conversamos sobre este temido personaje. La cacería ha terminado fue el título en el que conocimos un poco de la profunda y compleja historia, llena de dolor y rechazo que protagonizaron nuestros ancestros, y es que conocer nuestro pasado, reconocer la influencia que muchos hechos históricos han tenido en nuestras vidas es de suma importancia, nos hace identificar el porqué de muchas actitudes y pensamientos limitantes, el porqué de tantos miedos que han sido traspasados de generación en generación. Es así que durante años hemos creído que la Caperucita roja salió al bosque indefensa, que el lobo logró engañarla vistiendo los trapos remendados de su abuela y que ella sin malicia alguna cayó en su trampa, ¿O será que Caperucita en realidad salió al bosque en busca de su lobo feroz?

 

Estamos llenos de información limitante por doquier, simple y sencillamente como la tenemos tan instaurada en nuestro sistema neuronal, no lo identificamos ni vemos a primer vista. ¿Ven por qué es tan importante conocer nuestra historia? Porque las creencias limitantes vienen en nuestro ADN.

¿Recuerdan el episodio de “Todas somos maléfica”? En el hablábamos de que siempre en la versión de alguien seremos la mala o la villana, en el caso de la Caperucita, el lobo feroz siempre ha sido el malo y Caperucita la víctima. En el caso de la cacería de brujas, por décadas las mujeres que eran consideradas brujas fueron las malas, las rechazadas y asesinadas por sus conocimientos. Han pasado más de 500 años para que las otras versiones comiencen a surgir y de una u otra forma se ha redimido la vida y muerte de muchas personas a las que injustamente se les arrebató la vida, lo cual demuestra que por siglos “nos comimos el cuento”. Somos manipulados, por decirlo de una forma, por aquellos que dominan o propagan las historias, las noticias, por los cuentos que hemos escuchado y esto nos ha hecho creer que las cosas son de una forma u otra… de ahí el término “creencias”.

Una  creencia  es el estado de la mente en el que un individuo supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa; Básicamente creer significa “dar por cierto algo, sin poseer evidencias de ello”. Es decir crecimos creyendo que “La bella durmiente” era un cuento infantil porque así lo evidencian los libros que leímos y porque así Disney nos los hizo creer ¿Cierto? Hace muchos años atrás no existía tanto acceso a la información como hoy día y por ende no quedaba más que creer en lo que nos decían o inculcaban los más letrados, los medios de comunicación o aquellos con poder.

En ciertos países y culturas crecimos creyendo que Caperucita era una indefensa niña que salió al bosque, no existe ninguna razón alguna para que nosotros objetemos esto; es más, jamás en la vida hemos pensado y ¿por qué no un niño? ¿Alguna vez te pasó por la cabeza que pudiese ser un niño en lugar de una niña? ¡No verdad! Y es que no existe nada instalado en nuestro cerebro que nos haga dudar de este cuento, sin embargo, si hubieses nacido en Irán este cuento jamás te lo hubieses creído porque para ellos y su cultura es inverosímil e imposible que una niña o mujer anduviese sola en el bosque, por ende para ellos el cuento es protagonizado por un niño, ¡aja! Caperucita no existe.

El cuento de Caperucita roja se calcula data de más de dos mil años atrás, historiadores han encontrado pruebas de que existen más de 35 versiones, cada una de ellas adaptadas al país o región, por ejemplo en China el Lobo feroz no existe, en su lugar es un Tigre, animal de mucha importancia en la cultura de este país Asiático.

El cuento Caperucita roja fue incluido por primera vez en un libro infantil por nada más y nada menos que Charles Perrault, nuevamente surge su nombre, siendo él quien también adaptara el cuento de La bella durmiente y a quien mencionamos en el episodio de “Todas somos maléfica”. Sin embargo también vuelven a aparecen los hermanos Grimm quienes en el año 1812 convierten el cuento en el que hoy día conocemos en las culturas occidentales, dándole un final feliz y una connotación menos erótica y más infantil. ¡aja! Dije erótica. Muchos aseguran que el cuento data de historias antiguas pasadas de manera verbal a los más pequeños para alentarlos a cuidarse de las personas más cercanas, es decir, el lobo se disfraza de la abuela de Caperucita quién era una figura de confianza y por ende alguien de quien la niña no dudaría o temería. Esto de alguna forma u otra para algunos sociólogos puede significar que aquellas personas en las que más confiamos pueden ser quienes más daño nos hagan al estar nosotros en una postura de vulnerabilidad, algo así como los lobos con piel de oveja cierto ¿Recuerdan el episodio de la oveja negra? Aquí pueden observar una representación de Gustavo Doré en donde vemos a la Caperucita en la misma cama con el lobo feroz disfrazado de su abuelita. Saquen sus propias conclusiones.

Gustavo Doré - La Caperucita Roja

¿Y a qué viene todo esto? En el episodio de “La cacería ha terminado” examinamos un poco sobre la historia del miedo de la mujer a sobresalir, a hacer alarde de sus conocimientos porque de una u otra forma fuimos condenadas por aquello que nos hacia resaltar y nos diferenciaba. El conocimiento nos dio poder y nos condenó históricamente, es por esto que las siguientes generaciones después de la inquisición fueron criadas con temor y reprimidas.

Mi abuelita Teresita de 95 años desde muy niña, siendo nosotras Latinas, me inculcó que colocarse ambas manos sobre la nuca era malo; yo recuerdo sentarme en la mesa y como alma rebelde la retaba, ponía ambas manos en la parte trasera de mi cabeza formando un triangulo con cada brazo, dejando los codos completamente hacia afuera y ella simple y sencillamente siempre decía -¡Baja los brazos, no hagas eso que es malo! Yo no me conformaba con esa afirmación y siempre la cuestionaba ¿Por qué es malo? Jamás, hasta el sol de hoy he recibido una respuesta concreta, a ella le inculcaron que era malo, lo creyó y así lo transmitió. – Las viejas cuando yo era niña decían que eso era malo – Ella creció con esta creencia y seguramente las abuelas de ustedes también. Psicólogos aseguran que es un gesto universal que hacen las personas ante algo que salió mal, ante una amenaza o como señal de vergüenza. ¿Qué habrá sucedido en nuestra historia que nuestras abuelitas crecieron creyendo que este gesto es malo?

Y así hay un montón de cuentos más en el que nos inculcaron a temerle a miles de figuras enigmáticas, algunas inclusive ficticias. Era necesario infundir el miedo para sobrevivir, para no ser quemadas. Como resultado las creencias limitantes de las mujeres son mayores a las de los hombre y no, no es un tema de paridad de género o de igualdad, traigo a colación el tema para conocer el porqué de nuestras propias conductas limitantes y de la sociedad en general.

Existen las creencias limitantes y las potenciadoras. Una creencia limitante es todo aquello que creemos que no podemos hacer, es aquello de lo que estamos convencidos somos incapaces de hacer porque asi nos lo dijeron, porque así nos inculcaron. Soy un hombre y no puedo ser peluquero sin ser etiquetado como homosexual, ejemplo de una creencia limitante en pleno siglo 21. Soy mujer y no puedo alcanzar un alto cargo jerárguico dentro de una organización sin que piensen que me acosté con alguien para conseguirlo, otra creencia limitante.

Estamos llenos de información limitante por doquier, simple y sencillamente como lo tenemos tan instaurado en nuestro sistema neuronal, no lo identificamos ni vemos a primer vista. ¿Ven por qué es tan importante conocer nuestra historia? Porque las creencias limitantes vienen en nuestro ADN. Por décadas la figura de la mujer fue pincelada como la maternal, la que jugaba con muñecas, la que aspiraba a profesiones como maestra, cocinera, secretaria, esto si se le permitía trabajar, porque en realidad el Capitalismo deseaba a la mujer únicamente como ama de casa, alejada de decisiones políticas y socio económicas. Pero antes de este panorama murieron cientos de miles de mujeres cuyo modelo de vida fue distinto y a las cuales la historia silenció en la hoguera. Cientos de años atrás las mujeres consideradas brujas eran mujeres con conocimientos en medicina, astrología, etc y sus descubrimientos fueron adjudicados a hombres y fue necesario asesinarlas para que el orden patriarcal pudiera tomar posesión. De ahí en adelante la publicidad, las películas, los cuentos, todos mostraron a la mujer como “el sexo débil”. Los juguetes, todo absolutamente todo nos programó y nos hizo creer que ciertos privilegios y ciertas profesiones “no eran para mujeres” y así lo creímos por años.

“Los hombres no lloran” una creencia limitante con la que hemos crecido y por la cual, hombres y mujeres, hemos pagado un alto precio en nuestra sociedad. Programamos a los hombres para no mostrar sus sentimientos porque aquello era sinónimo de debilidad y eso era algo exclusivo de las mujeres “el sexo débil”.

“Todos los hombres son iguales”

“La mujer nace para ser madre”

“Hay gente que tiene mucha suerte”

“El cliente siempre tiene la razón”

¿Te suena esto familiar?

Hemos repetido tanto estas frases y muchas otras que a lo largo de la vida CREÍMOS que son ciertas. Están instaladas en nuestro cerebro y aquí justamente es donde nos debemos detener. Seguramente en este momento estás repasando en tu mente todas las frases que a diario te dices o te dicen  “Tomo agua y me engordo” ¡Bingo! Creencia limitante instalada y eso no es lo peor, lo peor es que a pesar de lo sofisticado y avanzado que es nuestro cerebro sigue siendo muy primitivo al momento de diferenciar la realidad de una fantasía. Es por esto que a pesar que sea una película y que sepamos que no es real lo que estamos viendo nos genera emociones: miedo, frustración, ansiedad, suspenso. ¿Les suena esto familiar? De la misma manera sucede con los pensamientos repetitivos en nuestra cabeza, el cerebro se los cree.  

La buena noticia es que una vez que seamos capaces de reconocer todas las frases que utilizamos que nos crean limitaciones estamos listas para cambiarlas. ¿Cómo? De la misma manera que instalamos las negativas. Repitiéndolas hasta que nos convenzamos. Es un trabajo de conciencia hasta que se convierta en un hábito y se instale en nuestro sistema neuronal, es decir lo hagamos en automático.

En el episodio de 100 días hablamos grosso modo sobre la Neuroplasticidad, hasta hace algunos años se creía que se aprendía únicamente en la infancia “Palo que crece torcido no endereza su tronco” ¿Les suena esto familiar? Es impresionante la cantidad de frases limitantes con las que hemos crecido y no estamos consciente. Bueno, no estábamos, porque ahora si.

¿Recuerdan el post que compartí hace unas semanas sobre el mantra para los niños? ¿Aquellas frases poderosas que le repito a mi hija cada mañana y que ella está obligada a repetirse? Se llama programación Neurolingüística y son nada más y nada menos que una serie de estrategias para hacer cambios en el marco de pensamiento de una persona, como la misma palabra lo dice programamos nuestro sistema neuronal a través de lo que nos decimos. ¿Recuerdas que hablamos que el estado de ánimo se alimenta del subconsciente? Si somos lo que nos decimos ¿Qué tan nutrida está tu alma?

Tantos años comiéndonos el cuento de que las personas no cambian, si se puede cambiar; De que la belleza interior es la que cuenta, si pero como nos vemos influye en nuestro estado de ánimo también. De que el dinero no compra la felicidad, no no la compra pero el dinero contribuye en muchas cosas, en broma y en serio siempre digo, aquellos que rigen los poderes socio económicos nos programaron para que fuéramos gordos, pobres y feos y nos comimos el cuento por más crudo que suene. Es como si estas frases hubiesen servido como un bálsamo para nuestro conformismo y lo hemos usado de consuelo por muchos años. Una cosa es aspirar a tener un buen status económico y otra cosa es ser codicioso, una cosa es desear lucir bien y otra cosa es ser vanidoso. ¿Les suena esto familiar?

Por ende de ahora en adelante vamos a re-programarnos, como si re-programaramos a nuestra niña interior. Una técnica muy efectiva es colocando mensajes en el baño, ¡si! Es el primer lugar al que vas cuando te despiertas, puede ser un cuadro con una afirmación, un mensaje escrito en el espejo, pequeñas notas que refuercen lo que necesitas que sientes reforzar. Si toda la vida te dijeron que no lograrías algo tú escríbete lo contrario y así sucesivamente hasta que conviertas esas creencias limitantes en potenciadoras.

Con amor,

Stef Nieto

Escrito por

Fan de los memes. Apasionada por la escritura y la lectura. Romántica oculta. Productora ejecutiva, locutora bilingüe internacional con más de 15 años de experiencia en el mundo del entretenimiento. Procuro aprender algo nuevo a diario. Casi nunca me peino y me río muy alto. De niña me regañaban porque "hablaba mucho en el colegio" y hoy me gano la vida con ello. Tengo una fascinación por las historias cotidianas, por la gente como tú, por la gente como yo. Coach Certificada y escritora publicada. Soy del mundo y al mundo me debo, soy VOZ dónde antes hubo silencio.