¿Quién eres?

Hola ¿Qué tal? Yo soy Stefanie Nieto y hoy es el episodio numero 11 en los lunes de seriedad aquí en equipaje de una mujer. El episodio de hoy es gracias a Hard plot center.

Hola ¿que tal¿ Bienvenidas mis queridas doñas y por supuesto a los doños que también nos sintonizan cada lunes en nuestro podcast lunes de seriedad. Me complace darle la bienvenida a una nueva plataforma aliada en la cual estaremos presentes a partir de este lunes y es la plataforma numero de panamá Medcom go, así es ahora estamos disponibles en Spotify y también en Medcom go en la sección de podcast en donde podrán escuchar todos los episodios y para ti que te gusta leer o que te gusta leer mientras escucha puedes seguir accesando www.equipajedeunamujer.com en donde además podrás encontrar mucha mas información valiosa para el equipaje de una mujer. Y debo decir antes de iniciar el podcast de hoy que al inicio esta pagina fue pensada para un publico femenino porque obviamente pues como mujer hablo desde mis experiencias pero a medida que ha pasado el tiempo son mas y mas los hombres que se identifican con el contenido que les brindamos y es que por décadas hemos erróneamente enfocado los temas de emociones a las mujeres, cuando en realidad ambos generos cargamos a cuestas un equipaje lleno muchas veces de situaciones que superar, soltar o sanar. Y lo hablamos en el episodio de la mujer que no sana condena a sus próximas generaciones, si no lo has escuchado te invito a que lo hagas, y pues es asi somos el resultado de nuestros padres y si nuestras madres no liberaron su equipaje de muchas cargas pues hombres y mujeres estamos condenados a repetir patrones y conductas.  Asi que si eres un hombre eres mas que bienvenido a seguir escuchando porque al final del dia todos estamos emprendiendo el viaje de la vida y vaciar nuestro equipaje es responsabilidad de cada uno de nosotros y este episodio fue inspirado, entre muchas cosas, en un comentario que me hizo un hombre sobre: como sabemos si somos toxicos, como se si yo soy el toxico. Y me parecio sumamente interesante su planteamiento porque muchas veces estamos tan desconectados que no nos damos cuenta que vamos por la vida hiriendo y lastimando a la gente con nuestras espinas.

Y para ti que sintonizas por primera vez y te preguntas que son los lunes de seriedad permíteme decirte en las propias palabra de nuestra audiencia que puedes esperar de este segmento dentro de nuestra plataforma. Realicé una encuesta en nuestra cuenta de Instagram @equipajedeunamujer para que las propias doñas me dijeran que representan para ellas y cito: Los lunes de seriedad son: un espacio para sanar el alma, crecer y dejar atrás cosas de nuestro equipaje, son fuerza emocional, para elevar nuestro nivel de conciencia y mejorar, son alimento para el alma, un viaje al lado mas profundo de nuestra mente, son inspiración, son antibiótico para el alma, para reflexionar un poco en temas que generalmente pasamos por alto y muchos otras descripciones hermosas que me pusieron vulnerable porque definitivamente los lunes de seriedad son un viaje a lo mas profundo de nosotros mismos para vaciar nuestro equipaje de todas esas cargas que nos anclan porque al final del día todos anhelamos tener una vida placentera y en paz.

Pero bueno, sin mas mis doñas. Comenzamos

Y el episodio del día de hoy se titula: ¿Quién eres?

Antes de iniciar me gustaría que anotaras si tuvieses 20 segundos para decirme ¿Quién eres? ¿Qué me dirías? Escríbelo antes de seguir escuchando.

Perfecto comenzamos.

Me miró a los ojos. Sabía que su silencio guardaba preguntas que yo no estaba dispuesta a responder. Interrumpí sus pensamientos con algún comentario tonto, que hoy no recuerdo. De seguro un chiste; para era muy buena, para disfrazar lo que en realidad sentía.

Llevábamos algunos meses juntos pero nada formal. Sus palabras fueron cortas, su mirada fija. Conocía ese silencio, conocía esa sensación de ahogo que me comenzaba a paralizar y me dejaba sin palabras, sin argumentos para callarle su mente inquieta.

– Lo amo, con todas mis fuerzas, o al menos eso creo. Lo amo tanto que no puedo amarlo – Me repetía a mí misma mientras intentaba extingir mis pensamientos como quien desea aplacar un incendio.

Jamás entenderá mis razones, jamás se creerá mis excusas. Porque de eso estoy hecha, de excusas. Simplemente me marcharé en silencio, como los cobardes. Eso es lo que soy, una cobarde que no sabe amarse a sí misma, por ende a más nadie. Una cobarde que no es capaz de abrazar la calma, porque el caos le resulta más familiar, menos atemorizante.

Aquel día fue la última vez que supe de él. Me despedí con un beso que quise fuese eterno. Tan eterno como este vacío producto mi cobardía. No sé si hubiesemos sido felices para siempre, pero quizá si por mucho más que unas cuantas noches. Aquellas noches que anhelaba alargar, tratando de evitar que el sol anunciera que se acercaba el tiempo de mi partida.

Extraño su olor. Extraño sus besos, tanto que me acostumbré a vivir con este sentimiento.

  • ¿Quién eres? ¿Por qué no sé nada de ti? Finalmente indagó.

¿Cómo le explico quién soy si ni yo misma lo sé? ¿Cómo le digo que soy esa mujer que va como un torbellino llevándose todo lo que encuentra a su paso? Hola, soy esa mujer que se asusta con los silencios, porque sus miedos se convierten en eco.

¿Quién soy? Me pregunto mientras voy corriendo en la oscuridad. Unos encapuchados me persiguen, no sé por qué, ni siquiera estoy segura sí debería estar huyendo de ellos. ¿Y sí me quieren rescatar? Rescatar de qué o de quién? ¿Por qué siempre tengo que huir? ¿Por qué? ¡¿Por qué?!

  • ¿Quién eres? – Gritan al unísono.

Pero continuo corriendo, detenerme no es una opción. Y corro, corro como si supiera claramente mi destino pero en realidad no lo conozco. Aunque sé que volveré a estar pronto en el mismo lugar. Mi vida es un espiral.

 

Ahora ya no está tan oscuro,  los encapuchados parecen haberse rendido. Una calma me invade como si el tiempo, imperceptible e insensato, estuviese a mi favor en esta ocasión.  Contemplo mi alrededor y observo lo pequeña e indefensa que soy comparada a la inmensidad del silencio de este, el ultimo edén, Gabón.

¿Quién soy? Abro mis brazos y por unos instantes me contemplo en aquella montaña, lejana e indomable en el corazón de África y mientras los extiendo, como si deseara abrazar mi sufrimiento, finalmente un grito desesperado sale de mis entrañas.

Soy esta montaña, solitaria, rebelde, indomable y asfixiada. Soy este edén, herido y lejano que extraña y llora sus raíces.

¿Quién soy? Duele mirarlo, duele verlo.

Ahora está oscuro de nuevo, recojo los escombros de lo que fui, sólo para recordar lo que ya no deseo ser y entiendo que es momento de volver a correr…

  • ¿Quién eres? – Gritan los encapuchados… mientras sigo escapando, pero esta vez mi paso es más liviano, por alguna razón ya no necesito correr tan rápido.
  • No les tengo miedo – me detengo a gritarles. Inclusive yo me sorprendo de tal hazaña.

¿Quién soy? Ahora está menos oscuro, medio gris como una tarde de invierno en el Sur. Ya no puedo correr, los escasos 40 metros que conforman las cuatro paredes que me rodean me cobijan con la misma calidez que lo hacía Cruz, mi abuelo. Y ahí está nuevamente el tiempo a mi favor, no sé si se detuvo o si ya hasta los días son noches, pero me sumerjo en la paz que me da ese lugar sin ventanas, tan feo pero a la vez tan bello, en la mitad de la Tacuarí 94 con la Hipólito Irigoyen.

¿Por qué estoy aquí? Replico en mi mente. ¿Para qué quieres saber quién eres ?

Soy yo, la mujer que solía escapar de sus miedos, que por años quiso escapar de sí misma mimetizándose en el mundo. Soy la mujer que finalmente entendió que no importa a dónde trates de escapar, los encapuchados siempre te encontrarán porque viven en tus adentros. Soy más que mis miedos, soy mas que unos malos recuerdos, soy mas que aquellos amores que no pude corresponder por temor a la calma que hoy tanto atesoro.

Soy el legado de una mujer que no sabia amar sin herir porque como lo hemos hablado ya, quien está herido inconscientemente hiere. Y esa inconsciencia es la que preocupa, la que aterra, la que nos tiene contaminados como sociedad. Hemos normalizado el lenguaje agresivo pasivo, hemos normalizado culpar a los demas por nuestros errores. Hemos normalizado pensar que todos a nuestro alrededor son la razon de nuestro estancamiento. Cuesta tanto revisar quienes somos. Cuesta tanto pararse al espejo y enfrentar a los encapuchados, quitarnos las mascaras, desnudarnos ante nuestros miedos. Cuesta tanto mirar hacia adentro que preferimos ignorarnos.

Para saber quiénes somos debemos entender, abrazar, perdonar y soltar quienes fuimos, por eso la semana pasada escribimos una carta de amor. Una carta al amor de nuestras vidas. Nuestra niña interior. Para pararnos frente al espejo y reconocernos, debemos conocernos. Debemos entender de donde provienen nuestras frustraciones e insatisfacciones. Para poder amar a los demás debemos ser nuestro primer amor y un amor bonito. Ese amor sin espinas, ese amor sin condiciones.

Sin lugar a dudas no soy la misma mujer que por años escapaba, que huía. Tampoco soy la msima después de haber sanado a mi niña interior. Era una mujer resentida, frustrada, enojada, que sólo veía lo malo en las personas, que criticaba, que lastimaba, que hería con sus palabras, con sus actos. Tampoco soy la misma mujer que hace un año emprendió un viaje a Bali sin saber que sería un viaje que marcaría un antes y un después en muchos aspectos de mi vida. Un viaje que me enseñó que cuando todo cambia dentro de ti ya es imposible resonar con personas que conociste en otros momentos de tu vida, pero de eso hablaremos en otro capítulo.

Al mirarnos al espejo, detenidamente podemos ver todos los matices de las mujeres que algún día fuimos, resumidos en nuestras líneas de expresión, tatuados en nuestras arrugas, dibujados en nuestras sonrisas. Hoy te invito a que reflexiones y te mires al espejo. Sé que fue difícil escribirle a aquella niña, pero ella necesita reconocerla para conocernos ahora, desde esta nueva versión

¿Cuál fue tu respuesta al iniciar este episodio? ¿Quién eres, tu respuesta es diferente ahora? Si hoy te vuelvo a preguntar ¿Quién eres? ¿Qué me responderías? Escríbelo y compara las respuestas.  ¿Te mirarías frente al espejo con mayor compasión? O ¿te juzgarías fuertemente por todo lo que no eres o no has alcanzado ser? Recuerda es tu vida y tú eres responsable. En mi vida, especialmente durante el último año he tenido muchos lutos, han quedado atrás personas que jamás pensé perdería y es que esta nueva versión de mí me ha enseñado que resonamos con las personas que están en nuestro nivel emocional y eso… eso duele. Duele saber que las elecciones de amistades, de parejas tienen que ver con como estamos por dentro.

Finalmente comprendí por qué estoy aquí. Estoy aquí porque quisiera que mis versos tengan un poco de la heroicidad de Marcelo y que mis palabras lleguen a quienes son perseguidos por sus miedos, paralizados, detenidos, viendo como se ríe el tiempo sin saber que la vida es todo menos sufrimiento.

– Qué espero? No espero nada, esperar es un verbo sin acción. Pero si la espera habla de mi esperanza entonces deseo que mi hija vea quien fui, quien soy y en quien me he convertido junto a ella. Espero que vea como ahora camino junto a los encapuchados, porque el día que decidí enfrentarlos, dejaron de ser miedos para convertirse en fortalezas.

Si hoy me preguntan ¿Quién soy? Soy del mundo y al mundo me debo. Soy voz donde antes hubo silencio.

Y ¿tú quién eres?

Stef Nieto AKA La coach (Sólo los lunes)
@equipajedeunamujer

Escrito por

Fan de los memes. Apasionada por la escritura y la lectura. Romántica oculta. Productora ejecutiva, locutora bilingüe internacional con más de 15 años de experiencia en el mundo del entretenimiento. Procuro aprender algo nuevo a diario. Casi nunca me peino y me río muy alto. De niña me regañaban porque "hablaba mucho en el colegio" y hoy me gano la vida con ello. Tengo una fascinación por las historias cotidianas, por la gente como tú, por la gente como yo. Coach Certificada y escritora publicada. Soy del mundo y al mundo me debo, soy VOZ dónde antes hubo silencio.